Mensaje de Navidad del Arzobispo Miranda Weckmann a Chihuahua

MENSAJE  DE  NAVIDAD 2019
 
"HOY  NOS  HA  NACIDO  UN  SALVADOR"  (Lc.2,11)

De generación en generación el misterio de Navidad ha sido consagrado para la contemplación.  Innumerables sentimientos  y  afectos se agolpan en nuestros corazones.  Celebramos el nacimiento de Jesús en Belén.  La alegría de las familias reunidas,  los cánticos de los villancicos  y  la celebración de la Eucaristía,  rebosan de gozo  y  de bendición.
 
La humanidad,  convertida en madre,  recibe en sus brazos,  de noche,  a un Niño todo Luz,  que despeja las tinieblas  y  salva.
 
La aparición de Jesús en la tierra es la Luz que brilla entre las tinieblas del mundo,  es la gracia  y  presencia de Dios.  Una gracia que enseña, salva y  que viene en pobreza,  como "señal" para su reconocimiento.  La fuerza del cristianismo radicará siempre en la debilidad:  el pesebre,  los pastores,  el pueblo humilde,  son los primeros en recibir la noticia.
 
El profeta Isaías elabora un poema para ser recitado  o  cantado en el nacimiento del Príncipe Heredero.  Pero se trata de un poema religioso.  Son tres las imágenes que utiliza el profeta para anunciar un gran júbilo:    -  El paso de las tinieblas a la luz.    -  La llegada de la paz,  el cese de las hostilidades.    -  El agradecimiento por la esperanza que trae el Niño.
 
Todo esto se aplica al nacimiento del Mesías;  en efecto,  con el nacimiento de Cristo:
 
   *  La humanidad entera pasará de las tinieblas a la Luz.  De hoy en adelante,  los que lleguen a conocer a Cristo  y  a su Evangelio,  verán todo con nueva claridad,  porque encontrarán el sentido de la existencia,  el significado de la vida en este mundo,  el valor que tiene el dolor  y  el sufrimiento. 
 
   *  Los que lleguen a conocer a Cristo  y  a su Evangelio,  tendrán la fórmula para vivir en paz:  ésta se logrará cuando las gentes aprendan a amarse mutuamente tal  y  como lo expuso Jesús.
 
   *  "Un Niño nos ha nacido,  un Hijo se nos ha dado" (Is.9,1).  El Mesías que ha nacido en el pesebre de Belén,  nos pertenece a todos,  es nuestro.  Estamos emparentados con Él mediante los lazos de la fraternidad;  somos sus hermanos  y  somos hijos de Dios.
Los primeros enterados del acontecimiento de este magnífico  y  esperado nacimiento del Salvador,  son unos pastores:  "El ángel les dijo:  No teman,  les traigo una buena noticia,  una gran alegría para todo el pueblo:  hoy en la ciudad de David,  les ha nacido un Salvador:  el Mesías,  el Señor..."(Lc.2,11).  Son tres veces las que el ángel del Señor dice:  no teman.  A Zacarías,  para anunciarle la concepción de Juan el Bautista;  a la Virgen María,  para anunciarle la concepción de Jesús;  a los pastores,  para anunciarles el nacimiento del Mesías.
 
¿Habrá alguien en el mundo que si cree en la existencia de Dios le tenga miedo a Dios?  ¿No nos basta contemplar toda la creación para darnos cuenta que Dios solamente quiere nuestro bien?  La presencia de su Hijo en la historia no es para amenazarnos,  sino para manifestarnos hasta dónde llega el amor que Dios nos tiene.
 
El miedo forma parte de nuestra existencia:  tenemos miedo a la enfermedad,  tenemos miedo a la pobreza,  tenemos miedo a  la muerte.  Dios por medio de su Hijo nos dice:  "No tengan miedo".  El día en que descubramos que Dios es nuestro Padre,  ese día se acabarán todos nuestros miedos.  La hermosísima noticia que nos vino a traer Jesús cuando vino a vivir con nosotros fue precisamente esta:  "Mi Padre es también su Padre".
 
"Gloria a Dios en el cielo  y  en la tierra paz a los hombres que ama el Señor" (Lc.2,14).  Los ángeles en dos sencillas frases expresan la finalidad de la creación,  la finalidad de la Encarnación  y  la finalidad de la Redención.  Para Dios es la gloria,  es decir ,  el reconocimiento de su existencia,  de sus atributos,  principalmente de su bondad.  Los hombres no podemos hacer nada más por Dios;  no podemos darle nada que a Él le haga falta.  Y aún este mismo reconocimiento no beneficia en nada a Dios;  nos beneficia a nosotros.  En cuanto más nos adentramos en el conocimiento de Dios comprenderemos mejor nuestra vida,  la salud,  la enfermedad,  la misma muerte.
 
"Y en la tierra paz..." (Lc.2,14).  No hay palabra tan querida para la humanidad como esta.  No hay algo que desee tanto la humanidad como la paz;  porque la humanidad sabe que viviendo en paz,  es como el hombre puede disfrutar de su existencia terrena.
 
Con gran esperanza  y  con gran gozo les deseo a todas las Familias de la Arquidiócesis de Chihuahua,  en especial a los Jóvenes  y  a los Niños,  a los Enfermos  y  a los Ancianos,  a los que sufren  y  a los que están tristes,  a todos los hombres  y  mujeres de buena voluntad:  ¡Feliz Navidad!  Que Jesús nacido en Belén los llene de abundantes bendiciones. 
 
Con afecto:
 
+  Constancio  Miranda  Weckmann Arzobispo de Chihuahua

Por: Antonio Hernández

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