Frente a la dificultad de educar en este tiempo de pandemia: CEM

Saludamos con mucho aprecio y respeto a toda la comunidad educativa del País. Frente a la situación que vivimos, queremos ofrecer una palabra que ayude a discernir el todo y no sólo las partes; a promover la unidad y no el conflicto; a centrarnos en reflexionar la realidad y no sólo girar sobre el mundo de las ideas; así como vernos en el tiempo, lo que nos permite siempre una oportunidad para caminar con una respuesta positiva y solidaria.

La educación es la actividad humana que nos prepara para aprender a ser y a convivir, en el presente y para el futuro. Este tiempo de emergencia nos ha enseñado muchas cosas importantes. La cultura del individualismo, por supuesto, necesita ser superada con una cultura de la CORRESPONSABILIDAD, es decir una solidaridad en ejercicio, que nos impulse al cuidado de todos los seres humanos. Ya no se puede pensar sólo en el propio bien o en la mera estabilidad institucional; sólo en lo que yo o los míos requieren, sino que se tiene que pensar necesariamente en el bien de los demás: familiares, vecinos, la sociedad circundante, demás escuelas, el País en su conjunto, la "casa común", en términos del Papa Francisco.

Sabemos que el Sistema Educativo Nacional está frente a un nuevo ciclo escolar, a través de los medios de comunicación y los digitales. Después de un profundo discernimiento, los Obispos de México, compartimos que estamos convencidos de que es necesario CREER, CONFIAR en cada persona y en la comunidad educativa en su conjunto, para volver a clases a distancia, y en el futuro en una presencia escalonada CON TODOS LOS CUIDADOS Y MEDIDAS PRECAUTORIAS POSIBLES. Esto IMPLICA TIEMPO, PREPARACIÓN, CAMBIAR HACIA ESA CULTURA DEL CUIDADO Y, POR SUPUESTO, UN ESFUERZO DE ENORME GENEROSIDAD POR PARTE DE TODOS. Ante este desafío, no podemos correr, sino ser sumamente prudentes.

Hemos visto encomiables esfuerzos tanto de los padres de familia, como de los maestros y directivos de escuelas públicas y privadas, a lo largo de estos cuatro meses. Sin embargo, creemos que ha llegado el tiempo de acompañarlos institucionalmente, con una política de Estado que beneficie a todos. Se requiere entrar al detalle: ¿cómo resolver dudas en casa?, ¿cómo lograr que las brechas de conectividad no lo sean de aprendizaje, que afecten precisamente a los más desfavorecidos?, ¿cómo el magisterio va a ser apoyado, de forma tal que cada maestra y maestro sean protagonistas, y no receptores pasivos, de lo que se logre con los libros de texto y la programación de televisión, radio o medios digitales?

Autoridades civiles, asociaciones de escuelas y padres de familia, investigadores y académicos de la educación, sindicatos y gremios magisteriales, así como la sociedad civil, iglesias, empresarios y todo los sectores en general, debemos voltear a cada escuela, reconociendo en todas ellas un bien público al que tenemos que promover y apoyar corresponsablemente. Hay que LEVANTAR HOY, en la realidad de México, ese PACTO EDUCATIVO GLOBAL que propuso el Santo Padre Francisco en el mes de septiembre pasado.

Sea por la razón que sea, en nuestro País son muchos los niños que corren el riesgo de quedarse fuera de las aulas y, con ello, no sólo interrumpir su desarrollo en el futuro, sino sumergirse en un presente de ocio negativo, de descuido y abandono, de riesgo frente a otros males sociales que los hieran.

Es tiempo de pensar cómo regresar, para qué regresar, pero sobre todo, qué es lo que necesitamos cambiar, pues hoy las circunstancias nos exigen una educación muy focalizada, que deje la ambición de cubrir los enormes temarios y, en contraste, nos centremos en los APRENDIZAJES ESENCIALES: desarrollar la civilidad, la atención solidaria y creativa para enfrentar el arduo presente, así como el futuro que se nos avecina.

A los padres de familia que, como nos consta ahora, saben valorar mucho más el servicio educativo de las instituciones escolares, les pedimos que no las vean más como aquellas que les eximen de su derecho y deber, de ser los primeros responsables de la educación de sus hijos.

Nuestra súplica es que se involucren de lleno en la comunidad escolar, pues serán muchas manos, recursos y sobre todo cambio de mentalidad de todos, los que se exijan para esta nueva educación solidaria del cuidado de las personas y de la humanidad en su conjunto.

A los maestros, actores principales de la educación formal, les llamamos a renovar sus criterios de servicio, a redoblar su compromiso por la educación. Sabemos que lo virtual es útil, pero profundamente insuficiente. Los procesos educativos requieren de diálogo y encuentro, de compartir la vida, no sólo de recibir información. Hoy la escucha verdadera y la comprensión son más necesarios que nunca. Requieren de una dinámica mucho más amplia que el trabajo de lo meramente racional. El encuentro es el único camino que posiciona a la persona en una realidad de aprendizaje humano, sapiencial, afectivo y efectivo, capaz de crear y recrear, a partir de un espacio y un tiempo realmente educativos. Los niños y niñas de México requieren de su mirada, sus oídos, sus mentes; necesitan, ante la tentación del desánimo, encontrar en ustedes a quienes los pueden encorazonar de esperanza, generosidad y acogida. Es el tiempo de sacar nuestros mejores talentos, en una pasión por educar, a pesar de las dificultades.

A las comunidades educativas católicas, particularmente a nuestros QUERIDOS CONSAGRADOS Y CONSAGRADAS CON EL CARISMA EDUCATIVO, les decimos: ánimo y mucha creatividad. La Iglesia ha servido a esta Nación, especialmente en esta misión educativa, por más de quinientos años. Hoy es tiempo de repensar nuestro servicio desde la dificultad, que no es otra cosa más que la oportunidad y la ocasión para desatar nuestra capacidad de responder al puro estilo de Jesús, Divino Maestro. Los grandes educadores del pasado son ejemplo luminoso, y tenemos acicate en su servicio tenaz, desde los Doce que llegaron a compartir la fe y a recobrar la cultura de nuestra gente, hasta quienes construyeron las instituciones que nos toca ahora renovar, mantener vigentes y proyectar en su misión para el bien del futuro en nuestro México. Exhortamos a toda comunidad parroquial, a salir al encuentro generoso de las escuelas presentes en su territorio con el ánimo de servir y coadyuvar, asumiendo que la Iglesia es Madre y Maestra.

A los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, les llamamos a vivir la realidad en la comprensión de que hay muchos esfuerzos de la sociedad y del gobierno, que quieren generar las mejores condiciones para abrazarles en su educación, bienestar y seguridad. Hoy, la alegría de la solidaridad, debe ser nuestro motor.

A las autoridades educativas federales y estatales, les exhortamos muy respetuosamente, a PROMOVER todo esfuerzo educativo, más que reducirse a sólo regularlo. La educación está en un momento en el que necesita impulso, confianza y sinergia; no freno, desconfianza y aislamiento. La realidad de la educación en y después de la pandemia exige muchos recursos materiales y humanos. Sin duda, éstos, los humanos, requieren mucha más atención que los primeros, en tanto que la tarea educativa es una acción de seres humanos dirigida a otros seres humanos, para pulirlos en sus capacidades, comprensión y acción. Sólo la persona educa a la persona. Invirtamos todo lo necesario para generar las condiciones sanitarias, pero que esa inversión no desmerezca lo que se requiere para formar y sostener a las y los educadores de la Patria.

Démonos todos la oportunidad de reconstruir el Sistema Educativo Nacional, a través del diálogo, el encuentro y la corresponsabilidad que sólo surgen de corazones solidarios y generosos.

Por: Xavier Ochoa

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