Durante décadas, las aguas del río Tijuana han estado contaminadas por desechos industriales y por las aguas residuales sin tratar que recibe a lo largo de su recorrido a través de la frontera entre Estados Unidos y México.
Ahora, una investigación hecha por científicos de tres universidades estadounidenses y el Centro Nacional de Investigación Atmosférica revela que el río Tijuana libera grandes cantidades de sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico, comúnmente conocido como "gas de alcantarilla" por su asociación con el olor a aguas residuales y a huevo podrido.
Los resultados del estudio, que se publica este jueves en la revista Science, podrían explicar no sólo los malos olores que emanan del río, también los problemas de salud como irritación de ojos, nariz y garganta, problemas respiratorios, fatiga y dolores de cabeza que han reportado residentes de las comunidades de South Bay en San Diego, California, desde hace tiempo.
De acuerdo con el reporte de la investigación, las concentraciones máximas de sulfuro de hidrógeno que midió el equipo científico fueron miles de veces superiores a las habituales en una zona urbana. Además, identificaron cientos de otros gases liberados al aire por el contaminado río Tijuana y su desembocadura en el océano.
“Nuestros resultados confirman las voces de la comunidad que han señalado que la calidad del aire cerca del río Tijuana ha sido un problema durante muchos años”, afirma en un comunicado Benjamin Rico, investigador de la Universidad de California en San Diego (UCSD) y autor principal del estudio.
Los síntomas reportados por los residentes de las comunidades de South Bay son similares a los asociados con la exposición al sulfuro de hidrógeno, señala el equipo de Rico en el comunicado en que explican la investigación que hicieron en una de esas comunidades, la de Nestor, a lo largo de tres semanas en septiembre de 2024.
Si bien los efectos en la salud de la exposición prolongada al sulfuro de hidrógeno aún no se comprenden completamente, la Oficina de Evaluación de Riesgos para la Salud Ambiental de California establece un límite de exposición crónica de 7.3 partes por mil millones (ppb, por la sigla en inglés).
Durante el estudio, los instrumentos de calidad del aire midieron concentraciones de sulfuro de hidrógeno que alcanzaron un máximo de 4 mil 500 ppb durante al menos un minuto. En comparación, en las áreas urbanas las concentraciones promedio son de menos de una parte por mil millones.
También se midieron concentraciones promedio de 2 mil 100 ppb durante una hora, medición que supera en casi 70 veces el estándar de una hora de la Junta de Recursos del Aire de California, que es de 30 ppb, un nivel establecido con base en el olor, no en la salud.
“Este nivel es demasiado alto para exposiciones crónicas, ya que 30 partes por mil millones se asocian con dolores de cabeza, náuseas, síntomas respiratorios y otros efectos adversos para la salud, particularmente en poblaciones vulnerables”, afirmó Paula Stigler Granados, científica de salud ambiental de la Universidad Estatal de San Diego.
“Considerar esto simplemente como un problema de olor subestima peligrosamente los riesgos reales para la salud pública que conlleva la exposición repetida a gases tóxicos en tales concentraciones”, añade.
Los niveles más altos de sulfuro de hidrógeno se registraron durante la noche, cuando el viento suele amainar. El estudio encontró que en los primeros días de septiembre de 2024, los residentes de Nestor, cerca de la Escuela Primaria Berry, estuvieron expuestos a niveles muy elevados de sulfuro de hidrógeno durante cinco a catorce horas diarias.
Además, el equipo detectó que cientos de otros gases también se encuentran en el aire de la zona en altas concentraciones, algunas de las cuales superan los límites saludables.
El 10 de septiembre de 2024, el caudal del río Tijuana disminuyó drásticamente, de 150 a 280 millones de litros diarios a menos de 19 millones de litros diarios, lo que redujo las concentraciones de sulfuro de hidrógeno y muchos otros gases durante el resto del estudio.
Aunque las autoridades no han anunciado cambios oficiales en la gestión del río, los autores del estudio conjeturaron que "el 10 de septiembre se activó una estación de bombeo en México". La activación de esta bomba desvió el flujo de aguas residuales, manteniéndolo en el lado mexicano de la frontera.
Desde el punto de vista científico, la rápida disminución del caudal y de las concentraciones de sulfuro de hidrógeno ayudó a establecer con claridad que el río es la fuente de contaminación atmosférica en la zona.
"Por primera vez, hemos demostrado que la mala calidad del agua puede degradar profundamente la calidad del aire, exponiendo a comunidades enteras a gases tóxicos y otros contaminantes", dijo Kimberly Prather, coautora del estudio e investigadora del Departamento de Oceanografía Scripps y de la UCSD.
"Estos hallazgos... subrayan la urgente necesidad de tomar medidas para proteger la salud pública en San Diego y en las comunidades vulnerables de todo el mundo", añade Prather.
Con información de Latinus.