El incremento acelerado en productos básicos como el tomate, chile, limón y cebolla no es un fenómeno aislado ni temporal. De acuerdo con el economista Isaac Leobardo Sánchez Juárez, se trata de un problema estructural que podría mantenerse en los próximos meses, e incluso agravarse, impactando directamente en el bolsillo de las familias.
En entrevista para El Fronterizo, el especialista explicó que el encarecimiento responde a un “choque de oferta global”, es decir, una alteración en la disponibilidad de bienes a nivel internacional, provocada principalmente por tensiones geopolíticas como el conflicto entre Israel-Irán conflicto, donde se ve involucrado indirectamente Estados Unidos, principal socio comercial de México.
Este escenario impacta directamente en insumos estratégicos como el petróleo y el gas natural, elementos indispensables tanto para la producción agrícola como para el transporte de mercancías.
“Prácticamente todo lo que consumimos depende de estos insumos, por lo que cualquier alteración en su precio termina reflejándose en toda la cadena productiva”,
De acuerdo con los datos expuestos por el especialista, algunos productos han registrado aumentos particularmente elevados: jitomate: hasta 126%, chile: alrededor de 42%, limón, cebolla y otros productos también con incrementos relevantes.
Estos aumentos forman parte de un contexto inflacionario más amplio. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, la inflación anual se ubica en aproximadamente 4.59%, superando el rango objetivo del Banco de México, que busca mantenerla cercana al 3% con un margen máximo de 4%.
El economista enfatizó que, además del contexto global, existen factores internos que presionan los precios de forma constante:
Uno de los principales es el cambio climático, que ha alterado los ciclos agrícolas tradicionales. La producción de temporal dependiente de lluvias y condiciones climáticas se ha vuelto cada vez más incierta, reduciendo la oferta de productos del campo.
A ello se suma la inseguridad en regiones productoras, donde los agricultores enfrentan extorsiones y riesgos constantes. Esta situación no solo eleva los costos de producción, sino que también desincentiva la actividad agrícola.
Otro factor relevante es la disminución de mano de obra en el campo. Cada vez menos jóvenes optan por actividades agrícolas, lo que limita la capacidad productiva del sector.
Finalmente, las deficiencias en infraestructura y transporte, como carreteras en mal estado y robos a transportistas, incrementan los costos logísticos, los cuales terminan trasladándose al consumidor final.
“Es una suma de factores que hace que los precios difícilmente regresen a niveles anteriores. En particular, las frutas y verduras tendrán variaciones constantes hacia el alza”, advirtió.
El aumento en estos productos no se limita al sector alimentario. Debido a la interconexión de la economía, los incrementos tienden a trasladarse a otros bienes y servicios.
Sánchez Juárez, explicó que la inflación se calcula con base en una canasta de aproximadamente 300 productos y servicios, por lo que el encarecimiento de insumos básicos termina afectando a toda la economía.
En este contexto, no se descarta un incremento en otros productos esenciales, como la tortilla, uno de los principales componentes de la dieta mexicana.
Respecto al papel del gobierno, Sánchez Juárez señaló que las herramientas disponibles son limitadas. Programas como el PACIC (Paquete contra la Inflación y la Carestía), implementados en administraciones anteriores, se basan en acuerdos voluntarios con productores, por lo que su efectividad es restringida.
En el ámbito monetario, el Banco de México es la institución encargada de controlar la inflación. Sin embargo, recientes decisiones, como la reducción en la tasa de interés, podrían generar efectos contraproducentes al incentivar el consumo en un contexto de alta inflación.
“Lo que se esperaría es un aumento en las tasas para contener la demanda, pero la decisión fue en sentido contrario, lo que podría presionar aún más los precios”, explicó.
El especialista subrayó que el impacto no es uniforme. Las familias de menores ingresos enfrentan una situación particularmente complicada, ya que destinan la mayor parte de sus recursos a la compra de alimentos.
A diferencia de otros sectores, estas familias tienen un margen muy limitado para ajustar su gasto, por lo que recurren a estrategias como la sustitución de productos o la compra de alimentos de menor calidad.
“Son quienes menos pueden hacer frente a esta situación. No tienen gastos que recortar porque ya viven al límite”, afirmó.
Finalmente, el especialista advirtió que el panorama para los próximos seis meses no es alentador. Mientras persistan los conflictos internacionales, los efectos del cambio climático y los problemas estructurales internos, los precios continuarán bajo presión.
Ante ello, recomendó a la población mantenerse informada y anticipar sus decisiones de consumo.
“La información permite prepararse. Quien entiende lo que está pasando puede tomar mejores decisiones y reducir el impacto en su economía”, concluyó.