
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ataviadas con coloridas faldas y huaraches, tres jóvenes, Anaís, Amelia y Angelica, representan a la nueva generación de corredoras rarámuris en la carrera Atlética por la paz de la Fundación UNAM, celebrada el 25 de abril del 2026.
Ellas, con edad entre los 16 y 18 años, forman parte de un grupo que viajó desde la Sierra Tarahumara hasta la Ciudad de México, junto con la Fundación Legión Rarámuri, para participar en la carrera que se realiza anualmente en Ciudad Universitaria.
“Es la primera vez que yo vengo acá (…) nunca salgo de Guachochi (Chihuahua)”, contó Angélica, de 18 años a Proceso. Forma parte de un grupo integrado por tres corredoras y tres corredores jóvenes rarámuris, pueblo originario cuyo nombre significa “pies de corredor”.
Muchos rarámuris se han convertido en atletas y dignos emisarios de su cultura, participando en competencias nacionales e internacionales, especialmente en ultramaratones, carreras de más de 100 kilómetros.
Pero para ellos y ellas este deporte es más que una competencia. Lo perciben como un acto de resistencia, asociado durante siglos a su supervivencia. Correr se convierte para ellos en un momento de unidad, libertad y entretenimiento.
Angélica corre porque lo disfruta, por el gusto de hacerlo. Trabaja y se dedica a cuidar a sus hermanos, ya que dejó de estudiar desde los 13 años. Antes de participar en la carrera no había escuchado hablar de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“A nosotras no nos interesa tanto esto del tiempo (al correr) nada más disfrutar mientras vas corrido”, expresó Angelica.
El viaje representó para ellas una oportunidad para ampliar sus horizontes, conocer el campus universitario y competir junto a más de ocho mil personas convocados por la máxima casa de estudios para correr en las categorías de 3, 5 y 10 kilómetros.
Mientras Angelica compartía su historia, Anaís, la más pequeña del grupo, la escuchaba atentamente, con una tímida sonrisa que se asomaba por sus ojos.
A su corta edad de 16 años es ya una corredora experimentada. La distancia más larga que ha corrido son 35 kilómetros, a los 14 años, en una carrera en el desierto del Puerto de Peñasco.
La joven actualmente estudia tercero de secundaria y pertenece a una familia de corredores rarámuris. Sus padres, tíos, y abuelos todos han dedicado parte de su vida a correr, como una forma de conservar su cultura e identidad.
Los rarámuris crecen con juegos tradicionales, relacionados con esta actividad, como el “rarajípari” o juego de bola para los hombres, que fue reconocido como Patrimonio Cultural de la Unesco en el año 2000.
Las mujeres también para en los juegos tradicionales, como la “arihueta o rohueliami”, una carrera en donde lanzan un aro de madera para atraparlo con una vara mientras corren.
Estos juegos también son un espacio de intercambio donde circula su economía, por medio de los chokéames, que fungen como los árbitros de las carreras y responsables de organizar apuestas, las cuales pueden incluir telas, faldas, animales, alimentos o dinero.
Desde pequeña, Anaís participó en el tradicional juego de la arihueta anécdota que recordó con alegría.
Por su parte, Amelia, corre normalmente 21 kilómetros, pero la distancia más larga que ha hecho son 44 kilómetros.
Las jovenes, provenientes de diferentes comunidades en la Sierra Tarahumara, no se conocían antes de ese momento, en el que viajaron para participar en la carrera patrocinadas por la Fundación UNAM y apoyadas por la Fundación Legión Rarámuri.
Además de la oportunidad que representa para ellas en lo individual, las jóvenes actúan como embajadoras de su cultura, y parte de lo recaudado en la carrera irá para apoyar a sus comunidades.
La Fundación Legión Rarámuri, que se alió con la Fundación UNAM, trabaja con varias comunidades en los municipios de Guachochi y Batopilas, en la Sierra Tarahumara, región que presenta los mayores índices de rezago social y pobreza extrema, de acuerdo con la medición de Coneval en 2020.
En una zona del país azotada por la violencia de los carteles del narcotráfico, y en comunidades orilladas a la marginación, los rarámuris resisten a través de cada pisada, convirtiendo su amor por el deporte en un aliciente a la pobreza, y quizás, la vía hacia una mejor calidad de vida.
La comitiva rarámuri estuvo integrada por: Alberto Aguirre, Anaís Fuentes, Angelica Aguirre, Amelia Frías, Fernando Parra, y Jaime Fuentes.
Con información de: Proceso.