
La extensión del litoral del Golfo de México afectado por la presencia de hidrocarburos se incrementó esta semana a alrededor de 900 kilómetros de litoral, desde Campeche hasta Tamaulipas y es una situación que no ha sido controlada, reportan organizaciones civiles, académicos y habitantes de esa zona que participan en las labores de limpieza y en la documentación de la afectación al ecosistema.
Renata Terrazas, directora ejecutiva de Oceana, explicó que hasta finales de marzo organizaciones civiles habían documentado la presencia de ese tipo de contaminantes frente a las costas de Campeche, Tabasco y Veracruz, en una extensión de 630 kilómetros de litoral, pero en los últimos días ya se registró presencia de esos materiales en playas de Tamaulipas.
En entrevista, la activista subrayó que no hay elementos que permitan afirmar que la situación está controlada.
En ese sentido, lamentó que las autoridades han sido omisas al informar sobre lo que realmente está sucediendo, particularmente sobre el origen del derrame, el tipo de material de que se trata y sobre si se ha contenido o no.
Informó que hasta el 1 de abril no había sido posible limpiar todas las playas en donde se ha registrado arribazón de chapopote y otros hidrocarburos.
Llamó la atención sobre el hecho de que en varias zonas costeras se ha reportado la limpieza de la playa, pero han ocurrido nuevos arribazones, lo que hace suponer que el origen del problema no está controlado.
Recalcó que mientras académicos, organizaciones civiles y habitantes de las comunidades costeras han aportado evidencia de los sitios donde, dicen, hay presencia de ese tipo de contaminantes, el gobierno no comparte evidencia.
Por otra parte, el gobierno federal informó que el derrame inició en marzo, en tanto, organizaciones civiles aseguran que inició desde febrero.
Un grupo de 17 organizaciones, entre las que se encuentran el Centro Mexicano de Derecho Ambiental y Greenpeace México, asegura que el problema empezó desde inicios de febrero, en torno a un oleoducto de Pemex de 36 pulgadas de diámetro, y alcanzó una magnitud que vuelve inverosímil cualquier alegato de desconocimiento.
Refieren que desde el 6 de febrero comenzaron a observarse manchas de hidrocarburos en la zona marina frente a Campeche, justo sobre un punto del ducto.
Destacan que el 7 de febrero llegó al sitio el buque Árbol Grande, especializado en reparación de ductos, operado por Constructora Subacuática Diavaz, bajo contrato con Pemex Exploración y Producción.
Durante los siguientes ocho días permaneció sobre el ducto OLD AK C, una línea activa que transporta crudo entre la plataforma AKAL-C y la Terminal Marítima Dos Bocas.
Aseguran que, en esos días, las imágenes satelitales mostraron una mancha de hidrocarburos, la cual para el 19 de febrero alcanzaba casi 300 kilómetros cuadrados.
También se observaban, el 13 de febrero embarcaciones de apoyo realizando maniobras de atención y dispersión con cañones de agua. Luego se retiraron, pero lo que no ocurrió fue una alerta pública inmediata, aseguran.
Por su parte, científicos del Sistema de Detección y Monitoreo de Hidrocarburos Marinos (Sidemhma), han documentado la presencia de ese tipo de contaminantes desde el 8 de febrero pasado.
Investigadores de la Universidad Autónoma de Baja California, del Instituto de Investigaciones Oceanológicas, del Centro Nacional de Datos Oceanográficos (Cendo) y del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) refieren que desde el 8 de febrero se han detectado una serie de anomalías asociadas a la Presencia de Posible Petróleo (PPP) en el sur del Golfo de México.
Estas aseveraciones sobre esas detecciones fueron respaldadas con más de 70 imágenes satelitales de distintos sensores, tanto de Radar de Apertura Sintética (Sentinel1) como multiespectrales (Planet-DOVE, Sentinel 2, Landsat, MODIS y VIIRS).
Las primeras detecciones se ubicaron entre 10 y 100 kilómetros fuera de la costa de Tabasco y Campeche.
Hacia la tercera y cuarta semana de febrero se observó una extensa área de hidrocarburo en diferentes concentraciones, tanto cercanas a la costa como en mar adentro.
Estas detecciones se han mantenido por varias semanas extendiéndose a la costa de Veracruz y amplias áreas marinas.
Se incluyen también detecciones en las inmediaciones de Dos Bocas, Tabasco, aunque con extensiones menores.
Entre el 19 y 21 de febrero se detectó ese tipo de contaminación desde Cantarell y el campo petrolero Abkatún desplazándose al oeste. También se reportaron sospecha de contaminación en costas de Veracruz.
Posteriormente, los académicos documentaron presencia de hidrocarburos entre el 25 de febrero y el 1 de marzo en una extensa zona marina frente a costas de Tabasco y Veracruz con contacto evidente en la costa.
Del 2 al 6 de marzo, se observaron contaminantes a lo largo de la costa de Veracruz en diferentes concentraciones. Además se detectaron anomalías en las inmediaciones de Dos Bocas, con filamentos delgados de hasta 20 kilómetros corriendo hacia el oeste y presencia de aguas oleosas a lo largo de la costa.
Finalmente, el reporte señala que, del 16 al 22 de marzo, se observó presencia de esos contaminantes a lo largo de la costa de Veracruz, alcanzando la costa de Tuxpan. Para entonces ya no se detectaban derrames en Cantarell o Abkatún.
Por otro lado, los científicos del Sidemhma subrayan que es baja la probabilidad de que la Presencia de Posible Petróleo (PPP) en el Golfo de México durante las últimas semanas provenga de chapopoteras naturales como lo señaló el gobierno.
Renata Terrazas destacó que la Secretaría del Medio Ambiente aseguró que no hay daños graves al ecosistema, sin embargo, lo hizo cuando todavía no se había realizado un solo estudio sobre la gravedad del derrame.
La especialista dijo que es muy pronto para saber con certeza cuál va a ser el impacto ecológico de estos derrames, pues se deben hacer estudios desde diferentes disciplinas.
La activista destacó que este episodio abre la posibilidad para reflexionar sobre lo que estamos haciendo con los océanos y las comunidades costeras, particularmente las del Golfo de México “que las tenemos muy abandonadas”.
Además, es una oportunidad para exigir transparencia a Pemex sobre sus operaciones.
Dijo que lo más importante es reflexionar sobre qué tipo de desarrollo queremos para el país. “La propuesta de Oceana es alejarnos de la explotación de hidrocarburos, que solo genera una zona de sacrificio”.
Recalcó que el Golfo de México es mucho más rico que su petróleo, por eso hay que cuidarlo.
El Economista