La intención del gobierno de Estados Unidos de expropiar terrenos pertenecientes a la Diócesis de Las Cruces para ampliar el muro fronterizo en el área de Mount Cristo Rey ha generado preocupación no solo en comunidades religiosas, sino también entre colectivos ambientalistas y defensores del patrimonio cultural de la frontera.
El proyecto contempla la toma de aproximadamente 14 acres de terreno alrededor de este emblemático sitio ubicado entre Nuevo México, Texas y Chihuahua, un espacio reconocido por albergar la histórica estatua de Cristo Rey y por ser punto de encuentro espiritual para miles de personas cada año.
Para organizaciones como el Colectivo Sierra de Juárez, la discusión va más allá de la construcción de infraestructura fronteriza. Señalan que el área forma parte de un ecosistema desértico delicado, donde las montañas funcionan como corredores biológicos esenciales para distintas especies de flora y fauna adaptadas al clima extremo.
Además, advierten que la expansión del muro implica la instalación de caminos, iluminación, vigilancia y barreras físicas que podrían alterar el paisaje natural y fragmentar ecosistemas compartidos entre ambos países.
La Diócesis de Las Cruces también ha manifestado su preocupación por el impacto que tendría el proyecto sobre el valor espiritual y cultural del lugar, considerado por décadas como símbolo de fe, identidad y convivencia binacional.
Desde Ciudad Juárez, el tema ha comenzado a resonar entre activistas y sectores sociales que consideran que la frontera no solo debe entenderse como una zona de control territorial, sino también como una región con historia, biodiversidad y significado cultural para las comunidades que habitan ambos lados del límite internacional.